Tuesday, 16 September 2008

Vae victis


Tiene suerte de no salir emplumado de la aldea. Le acompañan hasta el linde sur del bosque. No hay despedidas ni buenos deseos. Simplemente sigue caminando cuando los otros se detienen. Se marcha con lo puesto, tal cual llegó, aunque más limpio y mejor alimentado. Varias millas más adelante cruza un riachuelo. De repente, un manzano. Parece el mejor sitio para deleitarse.
El aventurero cae de rodillas asustado, se palpa el pecho frenético. Hay un volcán rugiendo bajo sus costillas. El dolor es insoportable, una marea que acaba escapando por la garganta. Versos y versos que forman más y más sonetos.
El aire mismo se solaza con esa métrica brillante que lo atraviesa. Por un instante, incluso las estrellas se alinean.
En el Olimpo los dioses aplauden.
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1 comment:

Geeshie Walking said...

Is it that adventurers never choose their destiny?