Monday, 15 September 2008

Pandæmonium


Dos días después fue el juicio. Liarse a puñetazos con alguien habría resultado comprensible, incluso bienvenido. En cambio, destrozar una noria en perfecto estado sólo admitía una conclusión. Era un perturbado. O algo peor.
Es un día claro, de un brillo imposible. El aventurero parece ajeno a la multitud vociferante. Carraspea. Ensaya unas sílabas. Su voz vuelve a ser suya. Dice "hola", pero nadie le escucha. Hay gritos y acusaciones. Gimoteos y palabras airadas. Algo sobre gatos y cabras. Un par de escobas desaparecidas. La cosecha arruinada de Abe Johnson. Los colonos son gente de ética calvinista. Esclavos de la geografía. No quieren respuestas sino ratificaciones. Así que de nuevo esconde la voz en el fondo del pecho.
No la merecen.
Quomodo cecidisti de caelo, lucifer, fili aurorae?!
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