
Belamerina estaba allí. La alegre pandilla nunca había oído hablar de ella. Hasta que el malentendido se deshizo. El aventurero no iba a ir. En su lugar los había enviado a ellos. Belamerina no se descompuso. Se sentó de nuevo en su escabel a los pies del príncipe Jijí y vertió su enfado en una dulce canción, punteando la lira con inusitada ferocidad. Muchos ríos y montañas más allá, el aventurero daba vueltas al espetón que tenía al fuego. El conejo olía delicioso. No supo que Belamerina estaba en Jijistán. De haberlo sabido tampoco hubiera ido.
Belamerina, la perla de los mares del Sur. La que hechizaba a los hombres con su voz de miel, gota a gota. Peligrosa Belamerina, oscura, morena, ahumada en los fumaderos de opio.
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1 comment:
Oh, my Belamerina!
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