Wednesday, 10 September 2008

Audentes fortuna iuvat


Le ha costado muchos días, casi una luna. Ha cruzado el mismo bosque más de una vez. Más de dos, en realidad. Sigue sin ser capaz de pescar. Fabricó una honda que tenía más de tirachinas y acaba firmemente plantada bajo un roble centenario como un exvoto. Las alucinaciones persisten. Por eso al principio cree que es otro espejismo. Una cabaña. En el claro del bosque. ¿Todavía es el mismo bosque? El aventurero no sabría decirlo. Hay una especie de inexorabilidad matemática en sus desencuentros forestales. La desconfianza en sus propios sentidos se desvanece cuando una patada a la cerca le deja el pie sangrando.
Afeitado, despiojado y bañado, el aventurero siente que despierta de un sueño. Cuando engulle el plato de estofado que le ponen delate, cae de nuevo. Pero esta vez es un sueño plácido. Al día siguiente contribuye con un par de truchas para la cena. Le gusta pescar. Al otro día ayuda en el huerto. Come, trabaja, duerme. La niebla en su mente es puré de guisantes.
No se ha dado cuenta, pero aún no habla.
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3 comments:

Geeshie Walking said...

Sometimes, for the adventurer, it is difficult to distinguish between being lost and not. There are no points of reference.

Old Wilkie said...

He isn't lost, never. Because he's coordinates aren't phisical. But sometimes he doesn't know where he is exactly.

Geeshie Walking said...

Exactly!