Monday, 8 September 2008

Badum badum bee doodily dum ! Boo !


Quizá la dieta era realmente alucinógena, o quizá la dieta no era tal sino ayuno extremo. Con el mismo resultado. Visiones. Espejismos. El silencio de su garganta no acallaba el vocerío de su mente. Incapaz de oír los pájaros ni el viento, sólo un primitivo instinto de supervivencia le obligaba a mantener el fuego encendido. Deliraba sin palabras. Se le alborotó la barba y el cabello le creció salvaje. El mundo, civilizado o no, le parecía un lugar muy lejano, distinto del que él habitaba.
El aventurero estaba a un paso de perder el juicio. Peor. Ansiaba perder el juicio. La aventura definitiva.
Días y noches se sucedieron y el aventurero ya no era más que piel y huesos, los ojos hundidos en las cuencas, restos de babas en la barba piojosa. Perdida la noción del tiempo y del espacio, la fogata cada vez más horas apagada que encendida.
Pero el sol reclama a los suyos. Gozar es la mayor aventura.
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