
Llega el verano, hace sol, las faldas se acortan y los días se alargan. Las fiestas empiezan al anochecer. Hay bailes, música y risas. Sorbete de limón y hamburguesas de madrugada. Guirnaldas de papel y farolillos decoran la noche.
Cuando los invitados se van, las anfitrionas se relajan. El sofá es tentador y la mesita, más estratégicamente situada que Perejil, invita a poner los pies encima. Un té, un zumo, agua. Líquidos no espiritosos que no menguan los efectos de la fiesta. No todavía, al menos. Eso será mañana. De momento, es tiempo de tener los pies en alto y reir.
Cuando los invitados ya no están, las anfitrionas sonríen de verdad.
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1 comment:
que bonitooooo!
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