
La siguiente misión lleva a las intrépidas exploradoras hacia el norte, hacia tierras abruptas, sembradas de peñas casi infranqueables, el horizonte punteado de crestas desoladas. La necesidad de su nacimiento fue también su muerte. Ciudades que nacen, crecen y mueren por la guerra. Cuando no hay más luchas, respiran sosegadas, como adormecidas. Solitarias, abandonadas a su suerte, ignoran el mundo. Hasta que otra batalla les recuerde su destino.
Ellas callejean despacio. El sol y las empinadas cuestas demorando sus pasos. Les han contado historias de muerte y destrucción. Sables, espadas, pistolas, fusiles. Tantos cadáveres. Los caminos traen la muerte. Quizá por eso sean tan escarpados. Más tarde descubren otras leyendas, otras muertes. Jóvenes enfermos de amor.
Horas después, de nuevo entre paisajes familiares, les resulta extraño. Cuentos de Scherezade en un oasis sin palmeras. Exóticos. Improbables en la realidad relajada de la vida junto al mar..

1 comment:
Casi da miedo ir por tierras de tanta guerra y destrucción. Yo le tengo respeto, que no miedo, por otras cosas.
Llenobrac.
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