Wednesday, 10 June 2009

El sudor de tu frente


Los días siguientes se le fueron en un frenesí. Visitas a quirománticos, consultas astrológicas, adivinos, pitonisas. Oráculos y sibilas. Un búho ululó bajo su ventana. Comió una galleta de la fortuna. Palabras y más palabras. Lucy guardó el cazamariposas.
Un gato negro se atravesó en su camino y su gato, ese que no existía pero ya tenía nombre, bufó en respuesta. Todo inútil. Lucy sabía que estaba condenada. Sentenciada. El espejo ya no le devolvía su reflejo. Ella ya no estaba allí. Expulsada. Desterrada. ¡No!, gritaba. Pero ni siquiera ella podía oír su propia voz. Resonaban los ecos de una amenaza. "¡Vete!"
Lucy se escondió en el hueco del reloj, como el séptimo cabritillo, y esperó que el Lobo Feroz no la encontrara. Pero no era un cuento y ella no era un cabritillo. El Lobo Feroz, que no era tal, dio con ella y se la comió.
Ya no existía Lucy en F. Land.
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Monday, 8 June 2009

Condenación


Lucy está triste. Como la princesa. Como la naranja. Muere de tristeza. Lucy llora. Expulsada de F. Land. Funesto destino.
Lucy sufre, se duele. Tiene poco equipaje, llegó a F. Land con lo puesto aunque en su maleta imaginaria llevara todo lo necesario y más. Ahora, desterrada, su bagaje intangible pesa más. Pesa con el dolor y la inercia del descenso.
Lucy no lucha. Nunca lo ha hecho. La vida, cree, es un baile y no una guerra. Ni siquiera una batalla. La vida es un jardín y a ella le gusta leer tumbada en la hamaca.
Desconsolada, Lucy está buscando la entrada a esa habitación del pánico que construyó en su mente hace años. Es blanca y silenciosa. Pero no encuentra la puerta. Está en F. Land.
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Saturday, 6 June 2009

Camino de Perdición


Una mañana Lucy despertó sola. Qué extraño. Recordaba haberse acostado acompañada. Se asomó a la ventana. Apenas amanecía. Volvió a la cama. Demasiado temprano para enfrentarse al mundo. Se arrebujó bajo las sábanas y no tardó en rendirse al sueño de nuevo.
El té del desayuno lo bebió a mitad mañana. Una vaga inquietud ensombrecía su ánimo. La taza, la cucharilla, incluso la ventana o las paredes, todo parecía más pálido que el día anterior. No borroso, sino borrándose. Lucy volvió a la cama.
Despertó al amanecer. Rupert estaba a su lado.
-Ha sido un sueño- le dijo.
-Tengo miedo- contestó Lucy.
Estaba pálida. Quizá era ella la que iba a desvanecerse, desaparecer de F. Land como si nunca hubiera estado allí.
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