
Un par de truchas se asaban sobre las piedras de la hoguera. Ese día había tenido suerte en el río. Otros no. Momentos de penuria. A su alrededor bailoteaban burlones los espíritus de los que quedaron atrás. Hirientes. Quemantes como las llamas de la fogata.
El aventurero lamentaba la pérdida de la escribanía. Tampoco había ron. Temiendo perderse si desparramaba sus palabras al viento resolvió tomar un voto de silencio. Esclavo de lo que callaba. Sus pensamientos no hallaban salida y se amontonaban unos sobre otros, entremezclándose. El caos se apoderó de su mente. Ya no conseguía pescar. Extrañas ensaladas de hierbas aparentemente comestibles. Alucinaciones. Los pájaros trinaban. Los ciervos berreaban. El aventurero callaba.
El silencio lo sumía en el abismo interior.
.

3 comments:
When the adventurer cries out in the wilderness, he is not crying to anyone. He is crying to the wilderness.
Are you sure? Maybe he is crying to himself. Maybe, sometimes, what a man needs is drowning inside himself. Maybe, sometimes, being overwhelmed with his truly nature it's just the right thing. It opens new paths. Purest.
He and the wilderness are one and the same. The art of adventuring is to merge.
Post a Comment