
Hicieron noche en un claro del bosque. No encendieron fuego para no ser detectados. Nadie propuso una partida. Oídos alerta y manos sobre las armas. Cambio de guardia cada tres horas. Al amanecer partieron en completo silencio después de borrar sus huellas. Caminaban por el borde de la senda, prestos a ocultarse en el bosque. A media mañana se consideraron por fin fuera de peligro. Lo celebraron bebiendo un buen té tocado de brandy. El aire era fresco.
Un ruído de cascos alteró su descanso, pero todo indicaba que era un jinete solitario. Enseguida apareció. Un joven moreno con túnica y turbante sobre un hermoso árabe. Desmontó graciosamente y se arrodilló ante el aventurero.
-Mi Señor os requiere.
Su Alteza Serenísima el príncipe Jijí de Jijistán estaba reunido. Golpes en la mesa. Voces airadas. El silencio. Entonces la puerta se abrió violentamente. El príncipe mandó llamar a su correo más veloz. Tenía una misión que encargarle. Después de semanas de espera, por fin tenía un nombre. Un hombre.
"Es el mejor cazando quimeras" le dijeron. Cruzaron los dedos y brindaron por ello.
.

No comments:
Post a Comment