
Cuando regresaron de la primera expedición sin ella, Penthesilea ya no estaba allí. La segunda vez tampoco. Pero varios meses después la encontraron bailando en una isla caribeña a la que les había llevado una tormenta.
Tras los alegres saludos de bienvenida empezaron los brindis de bienvenida y luego las apuestas de bienvenida y a las pocas horas sólo les quedaba en el cuerpo ron y vanidad. Follaban con envidia. Torturas de celos. Algunos deseos siempre insatisfechos. Los cuatro marcando territorio como lobos hambrientos. Mordiscos y pellizcos en la carne que al día siguiente serán pruebas de un laberinto sin salida. Juegos sádicos que despellejan el corazón. Las peores heridas no sangran. Pero jamás cicatrizan. Se llevan con orgullo. Descubiertas o escondidas. Pero quien las tiene lo sabe.
Estuve allí.
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