
El aventurero no piensa en lo que ha dejado atrás. La memoria no está en la mente, sino en los huesos. En la sangre envenenada.
No lo lamenta. No lo echa de menos. Es una enfermedad. Penthesilea. Fue duro la primera vez. Partir los tres solos. Sin ella. En el primer poblado que encontraron se emborracharon. Durante tres días. Al cuarto volvieron a la carretera. Y así desde entonces.
Hasta que, al parecer, Pem y Merry quisieron asentarse.
Contempla a sus alegres colegas, bebiendo y jugando junto al fuego. Apuestan la colada. Ya no hay sexo en las expediciones. Hay caminos que desaparecen antes incluso de que se hayan secado las huellas. Porque sólo existen en la rueca de Ananké.
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