Thursday, 21 August 2008

The Miaowing Kittens


Gruesas cortinas de terciopelo de color oscuro. Sobrios butacones. Robustas mesas de caoba. Un imponente mayordomo y discretos criados. Como si estuvieran en St. James y no a dos océanos de distancia. Las palomitas de Penthesilea eran cisnes esbeltos que hablaban cinco idiomas. Sofisticadas nínfulas envueltas en muselinas y encajes de suaves colores, tan listas o tontas como la ocasión lo requiriera.
El aventurero hizo una mueca. Penthesilea siempre sería una snob. Siete años habían pasado, o setenta y siete. Una eternidad.
-Así que, déjame que te vea, todavía un aventurero sin hogar. Eso me dicen tus ropas y tu sombrero, cariño.
-Todavía mezclando placer y negocios... tsé tsé... tú tampoco has evolucionado mucho, querida.
Una guerra sin campo de batalla. Los cuatro postes de una cama ya no delimitaban su cuadrilátero.
El aventurero sentía en la boca el sabor podrido de los besos que no se dan.
.

No comments: