Saturday, 14 March 2009

Somewhere in limbo land


Rupert avanzaba espada en mano, lentamente, esquivando ramas bajas y troncos caídos. El bosque se espesaba por momentos, cada vez más denso, impenetrable. El ruido ya no era importante, sólo no quedar atrapado. El sudor se le escurría cuello abajo, los músculos tensos, intentando no perder la calma. De repente al apartar unas ramas un río apareció a pocos pasos de distancia. No había ningún puente a la vista, aunque sí una casa al otro lado. Una granja. Logró vadear con éxito el río y llamó con decisión a la puerta, a medias mojado y a medias enfadado. Nada tenía sentido. La voz que le invitó a entrar, sin embargo, era soleada y vibrante, los paradisíacos mares del sur pero también sus violentas tormentas estaban contenidas en aquella voz de mujer que simplemente dijo "¡Adelante!"
La puerta crujió al abrirse, dejando a la vista un cómodo salón con amplios ventanales. Los muebles eran todos de madera, pero no toscos, y las cortinas y bordados parecían de buena calidad. Al fondo un tocador. La mujer le habló desde el espejo, sin girarse. "Acércate". Y Rupert se acercó sin dejar de mirarla, sin dejar de notar su propio reflejo cada vez más cerca del de ella. Ella. Era rubia y el picardías transparente no ocultaba su blanca espalda ni la serpiente tatuada que se perdía cadera abajo. La cabeza le daba vueltas y la duplicidad del espejo acentuaba su confusión. Ella. Ella no lo miraba, sino su reflejo. La boca era roja y la piel muy blanca. Rubia. Resplandeciente. "¿Quieres beber?" Rupert asintió, o quizá lo hizo su yo atrapado en el espejo. Ella cogió un abrecartas del tocador. El corte en el hombro fue limpio. La sangre brotaba despacio. "Bebe", le dijo. ¿Quién lo hizo? ¿Rupert o su otro yo?
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1 comment:

Jaime Lima said...

Su corazón es grande, nunca puede ser pequeñito.
Sigamos contando mentiras, tralará.