Sunday, 1 February 2009

Cherries and peaches


Un inesperado chapuzón, un tonto tropiezo, un par de días de mala caza. Una mañana sus oídos ensordecen y se le nubla la vista. Está inconsciente antes de estampar la cabeza contra un roble.
El aventurero está herido. En su delirio ha vuelto a Babilonia. Las gatitas de Penthesilea se ocupan de él. Están ahí. Siente el calor. Se quema. ¡Arde! Hay llamas bailoteando a su alrededor y cada una tiene el rostro de un desamor. Están todos, incluso los que ya no recuerda o nunca supo. Algunas caras son más que familiares, son una llaga siempre supurante. Siempre dolorosa. Pero algunos remedios a veces le alivian. Como ahora. Sus manos ciñen carne blanda y suave, rizos que huelen a hierba caen sobre su frente, hay otro aliento mezclándose con el suyo. La oscuridad es absoluta. Se deja besar y lamer hasta que se le retuerce la piel en agonía. El aventurero le busca el cuello con los labios y luego baja hasta dejar puntiagudas marcas de dientes en los hombros carnosos. Hay fuego y tormento y no puede soportarlo. La tumba en el suelo con las manos sobre la cabeza y saquea su boca complaciente. Con cada embestida repite "no puedo evitarlo". Sus gemidos se pierden en la oscuridad.
El aventurero está herido de muerte. La insatisfacción mata.
.

No comments: