Thursday, 15 January 2009

I've taken more...


Llueve. Siempre llueve en F.Land. O casi.
Cuando Lucy llega a casa nadie sale a recibirla y no puede evitar recordar al gato que aún no tiene y al que ya le ha puesto nombre. Lo cual demuestra, piensa Lucy, que es posible tener amigos imaginarios después de los siete años.
El primer té lo toma en el asiento de la ventana. La lluvia en F.Land posee una extraña cualidad, esquiva, infrecuente. Algo casi mítico. Una bendición para los locales y un castigo para los visitantes. Lucy observa. Es fácil distinguirlos. La lluvia es como kriptonita para ellos. Pero para los locales, los naturales de F.Land, es su rasgo más característico. Ha definido lo que son. Agua. Siempre agua. Alrededor y por encima. Quizá hay que ser de una pasta especial para mantener los pies firmemente sobre la tierra cuando no puedes ir a ninguna otra parte. Porque no hay más tierra. Sólo agua.
F.Land es la civilización definitiva. Por necesidad.
Porque F.Land está tan lejos del mundo como Avalon.
Lucy no quiere ir a Avalon. Quizá, si surgiera, si se lo ofrecieran un fin de semana que no tuviera otra cosa que hacer ni demasiada pereza, quizá entonces, sólo entonces, iría a Avalon. Pero F.Land...
... le apetece tanto vivir en F.Land!
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Wednesday, 14 January 2009

No colors anymore


Merry, Pem. Penthesilea. El odio siempre ha sido una parte importante en su relación. Igual que el amor. Todos con todos y todos contra todos. A la vez. Se aman con rabia. O quizá se odian con cariño. El problema es la medida. La falta de ella. Cuando la desmesura es lo único que queda, los orgasmos se multiplican y los navajazos también.
El aventurero les desea mal, les desea maldiciones y sufrimiento. Les desea reciprocidad. Mientras se hunde en su carne prieta buscando un alivio que nunca consigue, susurra "te odio, mi amor" y Penthesilea contesta "ódiame más fuerte, más". Pero Pem está detrás de él, abriendo su carne, embistiendo, y decir "te odio" ya no es suficiente. Nunca es suficiente. Les puede la desmesura. Es más que odio, más que amor. Es una maldición que les consume. No sabe si los gemidos de Penthesilea se deben a él o al ritmo que marca Pem. Sí sabe que sus propios gemidos son para ellos dos por igual. "Me estáis matando."
Lo que Pem y Penthesilea saben es "mío".
"Mío" como lo dicen los niños con su juguete preferido.
El mundo está lleno de juguetes abandonados.
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