Ese momento, antes de partir, cuando echa una última mirada a los mapas y notas esparcidos sobre la mesa, se encomienda a todos los santos en los que no cree y hace la señal contra el mal de ojo. Incluso toca madera. En ese momento en realidad ya no está allí. Ya se ha ido. La expedición ha comenzado. Cerrar la puerta es una mera formalidad. El trabajo de los cartógrafos se queda allí, encerrado entre cuatro paredes. El aventurero se fue hace mucho, exactamente en el momento que leyó, entre terra incognita y reino perdido de Surim, tres simples palabras. Hic sunt dracones..

No comments:
Post a Comment